Y además, está muy chula. Me pregunto qué cara puso el cartero, cuando vio el sobre en su saco, con el característico rótulo que todos conocemos, y mi nombre en el reverso.
Hace unos minutos me imaginé (al cartero), que al ver mi carta pensaría algo como “¡Oh, cielos, qué curioso! ¡Qué clase de tipo será este, que recibe cartas de Google.com!”.
Aunque ahora, pensándolo bien, y sabiendo que estamos hablando de una persona que puede llegar a repartir como 500 cartas en media jornada, lo más probable que haya pensado es “entregado”. El motivo por el que Google me manda algo a mí, es porque hace algún tiempo, firmé un contrato con ellos para colocar publicidad en mi página, y ganar cuartos como loco, como se dice en mi tierra.
Aunque no tenga nada que ver, ni tenga por qué ser así, cada vez que alguien dice “mi tierra”, me imagino un pueblo agrario, de gañanes por la calle con azadas en mano, y señoras sentadas en los portones, tejiendo mientras marujean, a eso de las 6:17 de la tarde.
Lo bueno, es que el procedimiento mediante el que Google vincula tus ingresos a tu cuenta bancaria, es muy seguro. Tienes que solicitar un código PIN, para verificar al mismo tiempo que tú eres tú, y que no te has equivocado de nombre, apellidos, y DNI. Por lo tanto, te lo envían a casa.
Lo malo, es que pone en la página que llega de 2 a 6 semanas después de solicitarlo, y a mí particularmente me ha llegado de 2 a 8 meses después. De hecho, lo solicité en marzo.
Realmente, el hecho de recibir un escrito de una gran página web, para mí no es algo que merezca ser convertido en artículo, pero cambié de opinión cuando observé las reacciones en mi familia.
Para empezar, mi madre, que generalmente suelta el correo al tiempo que dice “carta”, vino a mi cuarto para entregármelo en mano, mientras decía “Tienes una carta de Google, Vicente”, como si fuera correo certificado. Qué bonica, le faltó decir “Firme aquí y aquí”.
“Firme aquí y aquí”, siempre te lo dicen junto. A veces, me da hasta rabia. ¿Por qué narices no harán un cuadro que valga por dos, o algo por el estilo? ¿Por qué siempre quieren ver nuestra firma aquí y aquí?
Mi madre me miraba expectante, como esperando una explicación. Como diciendo “qué mierda habrás hecho para que una gran empresa internacional te mande una carta a ti”. La verdad es que me miraba casi mosqueada.
Fue mejor la cara que puso cuando le di explicaciones: “¿Qué pasa, mamá? Habrán subido mis acciones o algo, ¿vale? Quería invertir, y estaba entre Nueva Rumasa y Google. La diferencia estaba en que nunca invertiría en una empresa cuyo logotipo es una puta mierda abeja. Las abejas pican.”
A mi hermana se lo conté por gusto, para ver qué pasaba. Entré en su habitación y dije “Mira, me ha llegado una carta de Google”, mientras le enseñaba el anverso.
Nada más ver el logotipo, en seguida gritó: “Hala, ¿a ver? Mira, qué chulo. ¿Y por qué? Qué suerte. ¿Y qué te dicen? …”
Era increíble, estar ahí delante de mi hermana, mientras ella mantenía una conversación consigo misma. No lo entiendo, una empresa que no ha cambiado el logotipo en 12 años, y si mi hermana, en lugar de en su pantalla lo ve impreso en papel, se emociona.
De todo esto, me quedo con un pequeño detalle, que seguro que se os ha pasado por alto: Que en tiempos de últimas tecnologías, haya recibido una carta que no sea por dinero o –cómo no- publicidad.
Y esto ha sido todo por hoy.
Me estoy planteando la posibilidad de empezar a actualizar cada dos días.
Pero todavía no estoy seguro, estos días he estado ocupado por exámenes. Pero mañana termino, así que… Todo depende.
Lo que sí es seguro, es que mientras haya alguien que siga pasando por aquí, yo seguiré hablando de todo un poco.
Así soy yo: Uno que habla.
Y vosotros, ¿Seguís recibiendo cartas hoy día? ¿Qué es lo último que ha llegado al buzón a vuestro nombre?
Sentaos y contadme algo, no temáis…
Un saludo! =)
Leer más...